Contra lo que sugieren los precedentes históricos, Israel ha conseguido que su economía siga creciendo y manteniéndose dinámica a pesar de que el país se encuentra inmerso en un conflicto armado. Este resultado económico, que parece contradictorio a primera vista, abre un conjunto de preguntas sobre las fuerzas que lo sostienen.
La explicación de este fenómeno requiere analizar la arquitectura de la economía israelí, que durante décadas ha sido orientada hacia sectores de alto valor y tecnología. Esta elección estratégica ha generado una economía menos vulnerable a shocks locales y más dependiente de mercados globales donde la demanda por productos y servicios israelíes permanece estable.
El ecosistema de innovación y tecnología que caracteriza a Israel proporciona ingresos que no desaparecen porque haya conflicto político o militar. Las empresas continúan operando, vendiendo, recibiendo inversiones, incluso en contextos de incertidumbre. Este dinamismo económico es parcialmente independiente de lo que ocurra en el plano político-militar.
Además, la llegada de capitales extranjeros que buscan oportunidades de inversión en Israel continúa siendo significativa. Esta confianza de inversores externos mantiene flujos de dinero que dinamizan la actividad productiva y evitan que la economía colapse bajo el peso del conflicto.
La capacidad de las instituciones económicas y del Estado para diseñar políticas anticíclicas y amortiguadoras también contribuye. Las medidas que contienen los efectos más severos de la guerra en la economía civil son posibles porque existe una institucionalidad fuerte que puede implementarlas.
Para Argentina, la observación de cómo otras economías navegan contextos adversos resulta instructiva. Aunque Israel y Argentina operan bajo realidades distintas, los fundamentos sobre diversificación económica, inversión en capital humano e innovación tecnológica son principios aplicables en múltiples contextos. El fortalecimiento estructural de la economía determina la capacidad de resistencia frente a presiones externas.
Imagen: Stanislav Vdovin / Unsplash – Con informacion de El Cronista





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