Un refrán popular originario de Estonia propone una reflexión inquietante sobre nuestras vidas: «cuando llega la muerte, el rico no tiene dinero y el pobre no tiene deudas». Este proverbio ancestral contiene una moraleja sobre el verdadero valor de la existencia humana que merece ser considerada.
La sentencia funciona mediante una comparación desgarradora. Por un lado presenta al rico, cuya vida entera estuvo organizada alrededor de la acumulación. Por otro al pobre, cuya existencia estuvo marcada por la angustia del endeudamiento. Son dos versiones opuestas de una vida dominada por lo económico.
Luego introduce el factor que iguala a ambos: la muerte. Y aquí es donde la lección se vuelve incisiva. Cuando este momento final llega, todo aquello que los diferenció desaparece. El dinero del rico no le sirve. No hay transacciones posibles con la muerte. No hay negociación. Su fortuna, que estructuró su vida, resulta completamente inútil.
El pobre, a cambio, finalmente se ve liberado. Las deudas que lo persiguieron no pueden cobrarle nada. Quedan canceladas automáticamente. De manera peculiar, la muerte lo equipara con el rico pero desde una posición de libertad que nunca experimentó en vida.
Este contraste revela algo perturbador sobre nuestras prioridades. Muchos de nosotros vivimos como si el tiempo fuera infinito, dedicando energías colosales a obtener dinero, mejorar nuestro estatus, acumular bienes. Pero si el dinero no nos acompaña cuando llegue nuestro momento final, ¿realmente vale la pena sacrificar tanto?
El proverbio estonio no predica que ignoremos lo económico. Claramente, los recursos son necesarios para vivir. Lo que sí sugiere es que no debería ser lo central, lo que domina cada decisión, cada momento, cada relación. Que deberíamos preguntarnos qué otras cosas tienen auténtico valor permanente.
La lección final es sobre consciencia. Reconocer que nuestro tiempo es limitado debería transformar cómo vivimos. El proverbio ancestral del pequeño país europeo persiste justamente porque toca una verdad universal que cada generación necesita recordar.
Imagen: Ann H / Pexels – Con informacion de Clarín






Deja un comentario