El indicador que mide la proporción de créditos en dólares respecto del total de depósitos marcó su punto más alto en el último quinquenio, validando una orientación política clara del Gobierno: convertir la moneda extranjera en eje del financiamiento económico. Esta decisión emerge de la constatación de que el crédito en pesos enfrenta obstáculos casi insuperables.

La respuesta que las autoridades han instrumentado es la flexibilización progresiva de barreras regulatorias para promover operaciones crediticias dolarizadas. El propósito es crear un entorno donde instituciones financieras sientan incentivos suficientes para expandir sus porfolios en moneda extranjera, esperando que esto catapulte la inversión y la actividad económica.

Este camino ofrece ventajas inmediatas. Empresas sin acceso a crédito en pesos descubrirían una puerta de financiamiento. Inversiones posterga­das podrían concretarse. El sector financiero ganaría oportunidades de negocio. No obstante, los especialistas alertan sobre costos significativos que esta estrategia puede entrañar.

La principal inquietud es la vulnerabilidad cambiaria. Muchos deudores operan en pesos pero deben servir deudas en dólares, lo que genera un riesgo natural ante movimientos adversos del tipo de cambio. Cuando esa exposición se generaliza en la economía, puede crear condiciones para una crisis de endeudamiento difícil de gestionar.

¿Permanecerá esta tendencia ascendente? La respuesta dependerá de cómo evolucione la política regulatoria, del comportamiento del dólar, y de la robustez de la economía ante presiones macroeconómicas. Por el momento, el máximo está establecido, y el interrogante sobre sostenibilidad permanece abierto.

Imagen: Joshua Hoehne / Unsplash – Con informacion de Ámbito

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