El mapa de comercialización de carne vacuna en Argentina experimenta un giro de magnitud. Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, durante los primeros seis meses del año, hipermercados y supermercados concentraron tres de cada cuatro ventas de este alimento central en la nutrición argentina.

El fenómeno emerge en un momento particularmente vulnerable. El consumo de carne vacuna enfrenta una contracción pronunciada, tocando niveles históricos bajos. En este escenario de demanda débil, el cambio de canales de comercialización agrava la situación de pequeños comerciantes.

Las carnicerías barriales, que durante décadas operaron como pilares del comercio minorista especializado, pierden posición relativa. La transformación no es gradual sino acelerada. Consumidores que enfrentan presiones presupuestarias eligen comprar en supermercados, donde encuentran variedad, competencia de precios y facilidad de compra integrada.

Para entender la magnitud del cambio: tres de cuatro operaciones transcurren en supermercados. Esto significa que apenas el veinticinco por ciento de las ventas de carne vacuna se distribuye entre carnicerías independientes, comercios especializados y otros canales.

La concentración minorista genera consecuencias en cascada. Productores ganaderos negocian con compradores grandes y centralizados. Carniceros independientes compiten en desigualdad contra operadores con mayor poder logístico y de compra. Consumidores, a su vez, adaptan rutinas de compra a formatos disponibles.

El informe estadounidense documenta una reestructuración comercial que refleja cambios en las preferencias y capacidades de gasto de los argentinos. El comercio tradicional cede ante modelos de distribución modernos. Las carnicerías de barrio, espacios que funcionaban socialmente más allá de su rol económico, ven reducida significativamente su relevancia en la cadena de abastecimiento de proteína animal.

Imagen: Jonathan Borba / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo

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