El sector agropecuario argentino enfrenta un problema que toca directamente la rentabilidad de la producción: el gasoil y los fletes han subido sustancialmente, impactando con mayor fuerza en el maíz que en otras alternativas de cultivo, lo que erosiona el poder de compra del cereal.

Los indicadores son preocupantes para quienes producen maíz. Hoy hace falta contar con 8,4 kilos de este cereal para poder comprar un solo litro de combustible. Comparado con la situación en septiembre de 2025, esto representa un aumento del 45% en la relación de precios. Una cifra que habla de un deterioro importante.

El gasoil es un insumo de naturaleza distinta a otros. No es un fertilizante que se aplica una vez por campaña: es energía que se consume constantemente en cada operación agrícola. Su encarecimiento toca directamente la cadena de costos y afecta la viabilidad económica de cualquier explotación.

Los fletes, por su parte, completan el panorama desafiante. El transporte de granos hacia centros de comercialización se ha vuelto más costoso, lo que agrava la ecuación económica para el productor de maíz que debe sacar su cosecha al mercado.

No obstante, el panorama no es completamente sombrío. Otros insumos críticos para la producción, como fertilizantes y herbicidas, mantienen una relación de precios que continúa siendo positiva. Esto indica que la presión se concentra principalmente en los costos energéticos y logísticos, no en toda la estructura de gastos.

El maíz, cultivo fundamental de la economía agraria nacional, transita así una fase de compresión de márgenes. La capacidad de compra del cereal frente a combustible revela la vulnerabilidad del productor ante aumentos en costos que escapan a su control directo.

Imagen: Davide Comunian / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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